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Hoy, me encuentro muy triste, triste por Veracruz, triste por México, me siento impotente ante la violencia, me siento invisible ante la autoridad, ¡Tengo miedo! Por mi y por mi gente, y por la gente de ellos, me duele ver mi pueblo herido, herido a muerte, herido mental y psicológicamente, y tristemente hasta físicamente,  me duele pensar en la infancia violenta de mis sobrinos, en el temor con que deben vivir mis primos, mis tíos y millones de para mi desconocidos, quisiera poder pararme y detenerlo todo, pero solo tengo 20 años ¿Cómo podría hacerlo?

Hoy más que nunca amigos míos siento la pena que deben sentir millones de mexicanos que han sido víctimas de absurdas guerras ajenas, mi familia (hasta donde sé) se encuentra bien, pero han estado cerca del peligro, desgraciadamente no todos han corrido con suerte y hay personas que han salido heridas, y ni decir de los que han perdido la vida, estando en un lugar público sólo tratando se hacer su vida.

Me siento triste, herida e impotente, me siento incapaz de cambiar al mundo, siento el dolor de ver a mi país herido, si de pronto un día tuviéramos la fuerza, para unirnos, para salir y poder gritar lo que sentimos y poder cambiar lo que vivimos y rescatar a nuestro México, demostrar que es nuestro y no suyo.

*Un amigo me compartió un triste evento que vivió su familia en una de las balaceras que ha habido, en ese momento recordé éste poema de Rosario Castellanos, respecto al movimiento del 68, subraye la parte que más me ha marcado siempre, (la cual se encuentra grabada en la plaza de las 3 culturas) que comprueba como nos siguen escondiendo las terribles masacres. Tenía hoy estos sentimientos a flor de piel, y como bien lo saben ésta es mi forma de desahogarme, les envío un abrazo y deseo paz en sus corazones, paz en Veracruz, paz en México y paz en el mundo, por que estoy segura que merecemos vivir con paz.

MEMORIAL DE TLATELOLCO

(Rosario Castellanos)

La oscuridad engendra la violencia

y la violencia pide oscuridad

para cuajar el crimen.

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche

Para que nadie viera la mano que empuñaba

El arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?

¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?

¿Los que huyen sin zapatos?

¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?

¿Los que se pudren en el hospital?

¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.

La plaza amaneció barrida; los periódicos

dieron como noticia principal

el estado del tiempo.

Y en la televisión, en el radio, en el cine

no hubo ningún cambio de programa,

ningún anuncio intercalado ni un

minuto de silencio en el banquete.

(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,

a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad. Sangre con sangre

y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.

Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

Recuerdo, recordamos

hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Un preso

Y ahí estaba, una vez más,
preso por un crimen no cometido,
mirando el horizonte de ladrillos.

Pensando, inútilmente,
como librar la condena,
¿Cómo darle validez a mi palabra?
Nadie cree en quien mintió otras veces.

Ahí estaba, como tantas veces,
ideando escapar de aquel encierro,
detestando al carcelero necio,
deseando no rogar ser perdonado.

Estaba AHÍ, cambiando la estrategia,
¿Por qué pedir perdón de una calumnia?
Ésta vez no, ya no me ciega;
viviré en la mazmorra del olvido,
antes que rogar; delirio.

“la despedida”

Querida:

Solo deseo que ojala que haya donde vayas encuentres lo que yo jamás pude darte, ojala pudiera darte más que esta carta de mi puño y letra pero sé que cualquier cosa seria poco para agradecerte los días maravillosos que vivimos en nuestro país, no encuentro una forma más perfecta de decirte adiós que diciéndote hasta pronto.

Sabes perfectamente lo pésimo que soy para las despedidas, por eso no deseo decirte que jamás me volverás a ver, prefiero mil veces seguirte diciendo que hare de cuenta que no te he perdido, y que podrás encontrarme en esas formas que tu siempre  le encuentras a las nubes, en aquella banca del parque, en la risa de los niños de la sexta avenida y en las olas que el mar seguirá entregándole a La Plata, siempre guarda en tu corazón mi número, por si algún día vuelves y no me ves, solo llama y con gusto iré por ti allá donde nadie más podrá encontrarte.

Sé que quizás llores al recibir esta carta, sé que quizás no quieras guardarla pero sabes tú tan bien como yo, que mis palabras ya han sido llevadas antes a ti por el viento, que no hay necesidad de que intentes olvidarme, que siempre habrá algo que me haga presente en tu vida, solo guarda esta carta junto a las otras cosas que no deseas olvidar de esta parte de tu vida que desde mañana se llamará pasado, y que haya donde vayas seas inmensamente feliz.

Hasta pronto mi amor.

Reto

Así es los retos han vuelto, así que ustedes elegiran el tema del que escribiremos. ¡Voten!

Sin primaveras

Llega el verano a mi,
mira mis ojos y me cuestiona,
desea saber por que visto hoy
si mañana estaré desnuda,
toma con sus cálidas aguas mi espalda,
y me hace estrellar contra los corales,
me acaricia tiernamente,
sabiendo que sus brisas, son lijas.
*
Llega el verano a mi,
cuando al fin se ha ido Mayo,
me seduce con sus místicas aguas,
convence con helado calor mi cerebro
y le creo que no habrá otro invierno.
*
Lloro por que quiero otro invierno.
*
Busco Invierno, Verano y Otoño,
Otoño, Verano e Invierno,
quiero un ciclo de lluvias sin sombra,
quiero el frío de cálidas aguas,
que el verano me absorba en sus olas
y me trague con sed tempestuosa.

DéZolar, página 11 y 12

Capitulo 3:  Milagro de navidad.

El salón de clases solamente era ocupado por aquellas pertenencias de los alumnos que se encontraban a las afueras de este platicando, algunos jugando, otros perdiendo el tiempo. Alfonso se encontraba retraído, explorando los dulces confines de su mente, encontrando a la mujer que le había quitado el aliento horas antes, pelo café, ojos grandes y una sonrisa tan perfecta era lo único que pasaba por su mente. Perdido entre caóticos sonares y perfectas imágenes no había notado a Rubén, quien se escabulló con reflejos de felino y se preparó para atacar:

-¡ah!- Gritó presurosamente, golpeando las bancas con su palma izquierda, mientras la derecha sacudía a su compañero con vehemencia; Alfonso saltó de sus silla como si lo hubieran picoteado de improviso – ¡ja! Te pillé, sabía que no eras lo que aparentabas amigo.

-¿Rubén? – contestó Alfonso, acto seguid o se repuso y evaluó la cara sonriente de su agresor – ¡No vuelvas a espantarme así maldito!, ¿además quién dice “pillar” hoy en día?

Los lentes de Rubén reflejaron el brillo mañanero sobre las micas, tomó aire mientras sus pectorales se inflamaban y tomaban un aspecto cómico – ¡Yo, Tu dios! -. Dijo por fin con voz ronca pero potente y resoplando a través d sus abiertas fosas nasales.

Alfonso no pudo evitar  soltar una carcajada,  se levantó y dijo: – Estas loco – sonrió.

-Es lo que muchos suelen decir – afirmó Rubén – Pero soy del tipo de “locura sana”,  Además no te quejes, tu eres el tipo que se inscribe tarde y se mueve rápido como… como un rayo.

-Supongo que tienes razón…

-Pero espera no vine a hablar sobe estás cosas, ven te presentaré a unos amigos – Rubén dio unas palmadas en la espalda del Alfonso y se dirigió a la salida mientras que el último lo acompañaba, mientras traspasaban la multitud de jóvenes, Alfonso podía sentir las miradas inquisitivas de sus futuros compañeros sobre su espalda, no pasó mucho tiempo para que llegaran al final del pasillo del primer piso de la escuela, a su izquierda s podía ver el patio de la escuela, mientras a su derecha se podían apreciar las aulas.

-Amigo, atento, ¿Qué tanto buscas? – Rubén se acercó a y bajó la cabeza de su compañero, hablando silenciosamente, murmuró – tienes suerte de que Sophia esté en nuestro salón… pero no rehagas ilusiones…

-¿Cómo supiste que?

-¿Hey Rubén éste es el puño fugaz? – De la puerta apareció alguien enorme un joven de casi un metro ochenta miró a través de sus pequeños ojos a Alfonso, detrás de él alguien de estatura menor que los demás y con aire de relajación:

– ¡Hola!, no te preocupes este monstruo no te hará daño… – Dijo Rubén mientras el nuevo daba un aso atrás – ¡Moi y Teban, mis mejores amigos!

-Sophia, ¿ya te enteraste?

Lourdes solía acompañar a su amiga a todas partes, la adulaba, y era ciertamente de buen ver, su cabello rubio y lacio era atrapado en una cola de caballo; por otro lado le faltaba esa cosa que caracterizaba a la hermosa Sophia, pues si en belleza eran similares, la mirada, la manera de caminar o simplemente suerte era lo que hipnotizaba a mayor cantidad de muchachos.

Sophía se encontraba sentada en las jardineras, junto a otra de sus amigas, Maribel, morena y de pelo negro, menos agraciada que sus amigas – ¿Qué, lo de mario? – respondió Sophia.

-¿Mi Mario? ¿Qué pasa con el?

-mmm no nada – Sophia giró la cabeza en dirección contraria, escondiendo su pequeña sonrisa. -¿entonces a que te refieres? – continuó.

-¡ah sí! El chico nuevo… creo que va en tu salón Sophia, ya debes de haberlo conocido

-Sí – dijo con desdén – es inteligente, creo.

-Y guapo además– saltó Maribel.

-Sí, además – concluyó Lourdes – Pero todos hablan de él, ha viajado por todo el mundo y que es maestro en quien sabe cuantas artes marciales.

Maribel, dejó las papitas que comía sobre el borde de la jardinera -Chismes, además es un freak, lo vi juntándose con Rubén y su pandilla de raros.

-No estarás enojada aún por lo que te hizo Moi… ¿o sí mari? – Tanto Sophia como Lourdes rieron a carcajadas por el comentario de la primera, provocando el enojo de su amiga quien salió disparada para perderse en la multitud de jóvenes que ocupaban el patio de la escuela.

-Creo que ya tengo con quién divertirme un rato – Sophia señaló hacia un cúmulo de personas que invadían el espacio personal de Alfonso, preguntas y presentaciones lo atiborraban como si trataran de investigar un ser extraño.

-¡No lo harás Sohphie! ¡tu novio lo matará!

-Mario es tan crédulo como encantador… o sea,  mucho. – La mujer se levantó y echó su cabello castaño hacia atrás, sonreía peculiar y peligrosamente bella.

“Encuentro”

Y encuentro la razón de mi vida, en cada rumba que el destino me permite disfrutar, en cada sonrisa que puedo coleccionar, en cada perdón que logro robar y en cada olvido que logro cultivar; en esos momentos que han pasado dejando marcas que me enorgullecen, y en todo aquello que gracias a Dios he logrado dejar atrás, en todo lo que construyo con esfuerzo y dedicación y en aquellos momentos que la vida parece ir mas a prisa.

Encuentro la razón de mi existencia, en cada cosa preciosa que logro imaginar, en cada sueño que logro concretar y en cada nueva mañana en que despierto con una sonrisa, en la lagrima que derramé sin remordimiento, y en el silencio que otorgué sin culpa, la encuentro en los momentos bellos que aparecen de la nada y en las canciones que se clavan en mi espalda.

 Encuentro la razón de mis días, en las letras que se me logran escapar y en las pausas que logro aguantar, en las miradas que no logré encontrar y también en aquellas en las que fijé mis ojos para una eternidad, en todo esto que te cuento y en todo aquello que todavía guardo.

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